Dos ombligos
Trece años de haber muerto y vuelto a nacer.
La madrugada del 8 de junio de 2013 un coche con exceso de velocidad impactó en el lado derecho de un taxi marca tsuru, sobre Eje 6 esquina Amores, en la Colonia del Valle, Ciudad de México. El taxi patinó por la avenida hasta chocar con un poste. No hubo muertos; sólo una persona herida: yo.
Los paramédicos se esforzaron por sacarme entre las latas del taxi que parecía una hoja de papel arrugado que alguien había tirado por ahí. El último recuerdo que tengo antes del impacto fue la luz amarilla intermitente del semáforo sobre el Eje 6 que, según he escuchado, se apaga a cierta hora para evitar asaltos.
Hoy se cumplen 13 años del accidente. Todavía se me aguan los ojos recordando los peores días de mi vida en el hospital. Que tuve suerte, dicen algunos; los médicos asombrados de mi recuperación repetían que era un milagro que estuviera viva. Yo, a mis 22 años, me preguntaba cuál era el propósito de haber sobrevivido a semejante acontecimiento.
Después del 8 de junio de 2013 no volví a ser la misma. Conocí la muerte de cerca, la experimenté como un abismo en el cuerpo. Cirugías de muchas horas, morfina para el dolor, cicatrices inmensas, vacinillas para cagar y orinar, fracturas inoperables… sólo la quietud me podía curar. Mi mamá me limpiaba el culo, me daba de comer en la boca. Amigos y familiares me acompañaron en las noches, me arropaban del frío, me leían cuentos y poemas, me enviaban flores, organizaron cadenas de oración y colectas de dinero.
No tenía fuerza. Sólo tenía dolor. Dolor de haber muerto y vuelto a nacer. No hay otra manera de describir los meses que sucedieron al accidente. Perdí la vesícula, mi joven vesícula. Se fue a la basura como se va al basurero una bolsa llena de mierda de perro. ¿Por qué tuve que perderte, vesícula, para poder vivir? Me haces tanta falta, porque no puedo comer sin eructar. Los eructos son como un fantasma del espacio que ocupabas dentro de mí.
Ahora cargo con una cicatriz que divide mi abdomen en dos y otro ombligo. Tengo dos ombligos y dos cumpleaños.



Gracias por compartir de forma tan contudente tan tremenda experiencia. La última línea me hizo un nudo en la garganta, un cierre absolutamente hermoso.